SIGUIENDO AL MAESTRO | ISLA MAURICIO 2020-21

25 de enero de 2021

Pasamos unos días maravillosos en el norte de la isla. Esos días Guruji visitó y ayudó a mucha gente. Nosotros tuvimos la oportunidad de filmar varios testimonios más para la serie ‘Experiencias con el Maestro´. La serie cuenta la historia individual de miles de personas de todo el mundo que, después de conocer a Guruji, han experimentado grandes cambios en su vida.

Os compartimos algunas de las más recientes. Se trata de profundas experiencias de transformación con el Maestro.

Un día, la persona que los devotos habían contratado para limpiar la casa del norte, vino a trabajar muy preocupada. Se acercó a nosotros y nos preguntó quién era Guruji. Nos reímos y le dijimos que, de hecho, ¡no lo sabemos! ¡Guruji es uno de los mayores misterios de la vida! Le preguntamos si se encontraba bien, y nos contó que estaba triste y muy preocupada por su hijo, que estaba pasando por una situación difícil. Le preguntamos, entonces, si tenía una deidad cercana –ishtadeva-, y nos contestó que sí, que el Señor Shiva. Le propusimos que rezara a Shiva, en su corazón, para tener la oportunidad de hablar con Guruji.  Ella hizo la oración y después continuó con su trabajo. Unos minutos más tarde, para sorpresa de todos, Guruji, sin que nadie le dijera nada, fue directamente a hablar con ella a la habitación donde esta mataji estaba limpiando. Se le saltaban las lágrimas mientras Guruji le aconsejaba sobre cómo resolver el problema de su hijo. 

Ese mismo día, el dueño de la casa que habíamos alquilado vino a comprobar si todo estaba en orden. Guruji pasó un buen rato hablando con él. Y, a pesar de no ser un devoto, cuando le contamos cómo Guruji había cambiado nuestras vidas sus ojos brillaban, mostrando el anhelo y las ganas de saber más y más sobre Él. 

Días más tarde, entrevistamos a Tina, la hermana de Guruji. Ella también rompió a llorar al compartir con nosotros cómo fue ese momento en el que Guruji, siendo aún muy joven, comunicó a toda la familia que tenía que irse porque el mundo necesitaba Su ayuda. El testimonio de Su hermana, sumado al de tantas otras personas que, en ese corto viaje al norte de la isla, fueron transformadas por Guruji, nos dejó bien claro que Él ha venido a ayudarnos a todos. 

El templo de Bhakti Marga recibe cada vez más gente nueva. Las oraciones de la mañana y de la tarde empiezan a estar muy concurridas y la energía es cada vez mayor.

Una noche, durante las oraciones, disfrutamos de un asombroso kirtan, en el que la vibración se iba elevando cada vez más y más. De repente, como si alguien hubiera pulsado un botón, todos se pusieron en pie y empezaron a bailar. Unos segundos después, Guruji se levantó también. Lleno de energía fue directo hacia la mataji que estaba cantando y empezó a mover Su mano en círculos hasta que apareció un hermoso anillo. Era la primera vez que esta mataji visitaba el templo y le habían pedido que cantara. Mientras levantaba la mano para recibir el regalo de Guruji empezó a llorar, y toda la sala estalló de júbilo; saltando y bailando. En ese momento todo era pura alegría.

Más tarde la entrevistamos para saber en qué estaba pensando cuando sucedió todo. Nos contó que, mientras cantaba con los ojos cerrados, no podía pensar en nada más que en Krishna. Estaba disfrutando muchísimo pensándole y sintiéndole. Él estaba tocando la flauta frente a ella. Cuando, de repente, abrió los ojos vio a Guruji de pie, también frente a ella, diciéndole: «¡Dame tu mano!”  Toda la vivencia fue tan fuerte, y tan intensa, que, inmediatamente, rompió a llorar.

Otro día Guruji, en uno de Sus tempranos paseos por la montaña, empezó a gritar muy emocionado: “¡Oh, hay un mandir de Kali allí abajo!” Guruji señalaba en una dirección, pero nadie lográbamos verlo. En ese momento una mataji se cruzó con nosotros y Guruji le preguntó: «¡Hey mataji!, ¿hay un mandir de Kali ahí abajo?». Y con los ojos brillantes, ella le respondió que sí. “¿Vienes de allí?” dijo Guruji. “Sí”, respondió ella.  Y Guruji, sonriendo, le preguntó si iba todos los días. La mataji, ahora un poco más triste, le contestó: «Sí, pero hoy ha sido mi último día. Me voy a mudar y ya no podré venir tan a menudo. He venido a despedirme de Kali». Guruji le sonrió, compartió unas últimas palabras con ella y se despidieron. 

Esa misma tarde la mataji fue a su trabajo y estuvo hablando con una amiga suya sobre algunos problemas que la habían estado preocupando durante los últimos seis meses. La amiga le recomendó que visitara a Swami Vishwananda para pedirle consejo. «¿Quién es Swami Vishwananda?», preguntó. La amiga le mostró una foto, y ella exclamó: «¡He visto a ese hombre esta misma mañana después de visitar a Kali!” 

Así que esa noche vino a visitar a Guruji. Las oraciones ya habían terminado, pero, no por casualidad, cuando ella entró Guruji salía de su casa y se cruzaron. «¡El otro día estabas caminando en las montañas!» le dijo Guruji. Y le invitó a hablar un par de minutos. Ella le contó sus problemas y Guruji le aseguró que no tenía de qué preocuparse, que todo iría bien. Cuando volvió a su casa tuvo la confirmación. Su marido le dijo que todo lo que les preocupaba desde hacía seis meses se había resuelto. Volvió dos días más tarde para dar las gracias a Guruji. Y ese fue el momento perfecto para que nos contara esta bella historia para poder compartirla con todos vosotros. 

Una y otra vez vemos que ¡Él realmente ha venido a ayudarnos a todos!

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