3 de enero de 2021

SIGUIENDO AL MAESTRO | ISLA MAURICIO 2020-21

Hoy, como siempre, fuimos bendecidos con muchas reflexiones de Paramahamsa Vishwananda. A veces las inesperadas aventuras por las que nos lleva Guruji son difíciles de entender, pero si le seguimos siempre nos dejan un poco de Su sabiduría.

¡Solo tenemos que saber captarla!

Hoy ha sido uno de esos días llenos de inesperadas sorpresas y cambios bruscos de planes. Con Guruji siempre hay que estar preparado para ponerse en marcha; de lo contrario pierdes una valiosa oportunidad. Esto nos recuerda una frase, relacionada con el camino espiritual, que Guruji compartió anoche: «En la radio suena una canción solo una sola vez. Vosotros la escucháis. Solo tenéis esa oportunidad de hacerlo. La oportunidad solo se os da una vez. Estoy cansado de correr detrás de la gente y de entretenerlos. Por eso, a menudo, después de un evento, me voy rápidamente».

Por la tarde, Guruji nos sugirió ir a la playa. Cuando quisimos salir eran ya las cuatro de la tarde. Tomamos los coches, nos pusimos en marcha y le seguimos.  Al cabo de un rato nos dijo: «Vamos a parar aquí. Me han invitado”. Era la casa de su abuela, de su tío y de sus primos.

Al entrar, Guruji fue directamente hacia las deidades. En el camino, tomó al hijo de la familia y se lo llevó con Él para rezar un momento frente a las deidades. Una vez más, un recordatorio para todos nosotros: ¡Pongamos a DIOS PRIMERO!

A medida que caminábamos por aquella casa, fuimos conociendo un poco más de Su pasado más íntimo y personal. Guruji se sentó en el sofá y le hicieron puja como forma de darle la bienvenida a su casa. Debieron ponerse muy nerviosos por tener, de repente, a Guruji sentado en su sala de estar.

Al observar la habitación, nos comentó: “Aquí es donde vivían mis abuelos. Solíamos cocinar fuera. ¡Me parecía tan grande cuando yo era niño! ¡Y ahora lo veo todo tan pequeño! Nos sirvieron comida y té. Pero tuvimos que bebernos deprisa el té, aún muy caliente, porque enseguida Guruji dijo: «¡Challo, vámonos, tenemos que ir a ver a otra tía!». Rápidamente nos marchamos y continuamos nuestro viaje.

De nuevo en el coche, algunos devotos compartieron una historia sobre un momento privado con Guruji, que había tenido lugar esa misma tarde. Guruji estaba sentado en la escalera del mandir con algunos de ellos, contando historias de Su pasado. Y en medio de la conversación, un joven le dijo: «Sabemos quién eres Guruji». A lo que Guruji respondió contundentemente:

«No, nadie sabe quién soy. Todo lo que tenéis es una idea de quién soy. Si de verdad lo supierais, ninguno de vosotros estaría viviendo de la manera en la que lo hacéis». 

Continuábamos camino de la playa cuando Guruji, inesperadamente, cambió de plan y nos condujo a ver un templo de Narasimha. Nadie sabía realmente la dirección exacta de templo y tuvimos que preguntar a unos lugareños que jugaban a las cartas al lado de la carretera. Cruzamos un arroyo y nos encontramos en medio de la nada. Luego, entre árboles y arbustos, pudimos ver una pequeña casita. Avanzamos hacia el interior del terreno y nos dirigimos hacia esa pequeña casa cuadrada que habíamos visto a lo lejos. ¡Era el templo! Prácticamente imposible de reconocer desde fuera.

En el interior encontramos una hermosa murti de Ugra-Narasimha. Completamente negro y temible. «¡Precioso!», dijo Guruji. Rodeo la casa caminando y cuando regresó, comentó: «Mirad, este es el problema. Construyen este lugar, pero sin voluntad de servir. No les importa. Le colocaron ahí (a Narasimha) sin más. Eso es todo». Uno de los muchachos contó que querían construir un pequeño templo para cada altar, en forma circular. Guruji le respondió:»¿Ni siquiera pueden cuidar de un templo y quieren construir nueve? Mirad el suelo, ¿creéis que esto está cuidado?». Tenía grietas en el cemento. «¡Tienes suerte de tener una manzana, Narasinghadev!»  Y continuó diciendo al muchacho: «Diles que aprendan a cuidar un templo, y luego ya podrán pensar en construir más. ¡Cada comunidad debería aprender primero a cuidar de sus deidades!». 

Finalmente llegamos a la playa. Eran ya las seis y cuarto de la tarde. Guruji tenía que volver para el abhishekam pero nos animó al resto a darnos un baño. Algunos de nosotros decidimos darnos un chapuzón rápido en el mar y otros decidieron regresar. Fue un momento interesante porque tuvimos que elegir entre hacer lo que Él nos decía o volver al templo para las oraciones.

De regreso, nos volvimos a encontrar todos antes del abhishekam. Swami Paranthapa ya había llegado y se fue al templo con Guruji para realizar el abhishekam a todos los Govardhana Shilas, que estaban muy bien preparados para el ritual, esperando Su baño. ¡Habría unos diez, por lo menos!

Después de las oraciones, Guruji llamó a su hermana para felicitarla por su cumpleaños. Le cantó el mantra de cumpleaños, junto con otros devotos, y después le hizo el ritual de las flores. Fue muy conmovedor. Luego invitaron a todos a cenar y sirvieron comida tradicional de Mauricio.

Fue una hermosa manera de terminar otro repleto día de actividades con Paramahamsa Vishwananda.

¡Estad atentos a las próximas publicaciones mientras «Seguimos al Maestro» en una peregrinación hacia lo Divino!

¡Jai Gurudev!

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