Miré hacia abajo y vi que sostenía una piedra triangular, del tamaño de una de mis manos. Me tomó un minuto darme cuenta de lo que era, y cuando miré hacia arriba para ver de dónde venía, uno de los chicos de Brijwasi estaba de pie frente a mí. «¡Para ti!», se río y salió corriendo. Volví a mirar el Shila. ¿Para mí? ¿Era esta la respuesta a mis oraciones? ¿Él estaba respondiendo? Pero aquí estaba, dejándose caer en mi regazo, después de tanto tiempo preguntándome si realmente estaba escuchando mi anhelo de conocerlo.

Escrito por: Karunavidravaddasi

“Ya sabéis, a menudo la gente dice: «¿Por qué necesitamos deidades?» La deidad es una expresión del amor del devoto. Si le dices a alguien, «Exprésate al vacío», ¿puede hacerlo? Puede, pero la gente pensará que está un poco loco. Pero cuando hay una forma, es mucho más fácil expresarse. Da igual que tipo de relación. Cuando hablamos de relación, automáticamente hay alguien, no hay un vacío. No podéis tener una relación con el aire y decir: «Quiero abrazar el aire».

Paramahamsa Vishwananda

Cuando me pidieron que escribiera una publicación sobre las relaciones con las deidades, me sentí la persona menos capacitada de todos los tiempos. Cuando escuchaba a la gente hablar sobre sus relaciones con las deidades, siempre me sentía un poco excluida. Me encantaba estar con Ellos en los templos, pero nunca me sentí, realmente, cercana a Ellos de la manera que desearía. Cuando la gente me preguntaba si quería ver a sus deidades, me inclinaba, tomaba prasad, los admiraba, pero por dentro preguntaba desesperadamente: «¿Quién eres tú? ¿Cómo es que no siento nada cuando te miro? ¿Estás escuchando, de verdad?».

Pero cuando comencé a pensar lo que iba a escribir, me di cuenta de que incluso en un caso irremediable como el mío, Guruji había puesto más gracia de la que posiblemente soy capaz de comprender. Sucedió durante la peregrinación de Kartik con Guruji en 2018, en la Giriraja Shila en Govardhana. Guruji iba a hacer abhishekam y, como residente del Ashram Sri Giridhar Dham, tuve ocasión de ayudar con la preparación. Esa mañana estaba en plena acción, corriendo y cargando cosas de un lado a otro, mientras preparábamos la puja. Pero cuando Guruji comenzó y todos empezaron a cantar, toda la energía se me fue de repente. Me detuve, observando lo que sucedía a mi alrededor y me di cuenta, por primera vez, de lo falsa que me sentía. No entendí por qué estaba allí, o por qué Guruji estaba haciendo abhishekam a ese Shila, y no sentí nada mientras cantaba los bhajans. Dejé de cantar, me senté y me puse a llorar. Fue un llanto profundo. Le rogaba a Guruji que me ayudara, porque quería huir de la multitud de devotos, de Él y de toda la escena.

Finalmente, para que pareciera que estaba haciendo algo, me acerqué a otro Shila más pequeño, a unos metros, donde otros devotos estaban haciendo parikrama y me uní a ellos. Mientras rodeaba el Shila, noté algo blanco en el suelo y me agaché para ver que uno de los ojos del Shila se había caído. Lo recogí, sintiendo que era la extraña forma que tenía el Señor de decirme que estaba observando mi histeria. Caminé de regreso hacia la puja, un poco más tranquila por esta pequeña ayuda. Me senté de nuevo y cerré los ojos, sobre todo deseando desaparecer. En ese momento, algo pesado cayó sobre mi regazo. Miré hacia abajo y vi que sostenía una piedra triangular, del tamaño de una de mis manos. Me tomó un minuto darme cuenta de lo que era, y cuando miré hacia arriba para ver de dónde venía, uno de los chicos de Brijwasi estaba de pie frente a mí. «¡Para ti!», se río y salió corriendo. Volví a mirar el Shila. ¿Para mí? 

“Dios es Todopoderoso, Él lo es todo, pero por la devoción de la gente elige limitarse a Sí Mismo. ¿Nos ama tanto que puede limitarse a Si Mismo incluso a una piedra? ¿Cuánto quería venir a ti? ¿Cuánto quería Él recordarte?”

Paramahamsa Vishwananda

No sé cómo, ni por qué, pero tuve un sentimiento inmediato de conexión con este Shila. Sabía que Él había venido porque, tal vez por primera vez, yo había sido muy, muy honesta con Él. ¡Todo fue tan íntimo y tan mágico! Mientras miraba esta piedra en mi regazo, sentí que mi vida tenía un nuevo propósito. Ahora Él es mi responsabilidad, estará conmigo para el resto de mi vida. Lo envolví en mi sari y juré cuidarlo siempre.

Ahora, dos años después, todo lo que puedo decir es que siento que estoy construyendo una relación con Él, con muchos altibajos. Suceden pequeñas cosas extrañas que mi mente no puede explicar, como cuando sé si le gusta el prasad que le ofrezco. Él se ve especialmente lindo o complacido cuando estoy totalmente presente en mi puja, pero si me apresuro a terminarla, Él parece aburrido o decepcionado. Incluso cuando mi mente está súper negativa, y me cuesta mucho hacer una buena práctica de Atma Kriya, tan pronto como le hago puja, es como si se precipitara y limpiara toda la negatividad con la que no puedo lidiar. Los problemas se resuelven sin que yo haga nada, o me doy cuenta de que no había ningún problema desde el principio. Sobre todo, puedo sentir el amor que me está dando, como un cálido resplandor o una luz en la habitación que mis ojos no pueden ver.

«Así que, incluso aunque solo veáis el exterior cuando miráis Su hermoso rostro, no veis la estatua mirándoos. Veis un par de ojos que os miran. Y ese par de ojos no solo os miran físicamente. Están atravesando vuestra alma misma y están mirando a quién y qué le pertenece. Así de hermoso es cuando uno abre el corazón y lo añora. Entonces veis que os está mirando. Él os está cuidando». 

Paramahamsa Vishwananda

Es un Shila muy achispado y puede caerse con mucha facilidad. Alguien me dijo una vez: «¡Él es totalmente inestable, como tú!». Aunque no me gustó esta observación, me sentí más conectada con Él de una manera divertida, como si me reflejara a mí misma. A veces, cuando estoy especialmente juguetona, imagino que nos parecemos un poco. A veces, cuando miro a los ojos de las personas, me imagino que lo veo a Él brillando a través de ellos. Por razones que nunca entenderé, Él vino a mi como esta pequeña piedra puntiaguda y temblorosa y se ha convertido en mi compañero físico. Ese día en Govardhana, cuando terminó la puja, todos nos subimos al autobús para regresar al ashram, y lo sostuve en mi regazo y lloré, pero esta vez fueron lágrimas de alivio. Sabía que no importaba lo que me deparara el futuro, los errores estúpidos que cometiera o los obstáculos que enfrentara, Él estaría conmigo, siempre observándome.

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