21 de enero de 2021
No es que tengamos que luchar contra nuestra mente en una guerra total. Hay que librar pequeñas batallas, sin duda, pero lo que realmente nos permite entablar una relación amorosa con Dios es ser capaces de calmar la mente lo suficiente como para redirigirla hacia algo que está más allá, hacia algo mejor, más beneficioso, deseable y más gratificante.
Escrito por: Aksharananda
Cuando la gente piensa en el camino espiritual, suele pensar en abstenerse de ciertas situaciones, acciones, alimentos, bebidas, etc. Nos formamos opiniones sobre el camino espiritual incluso antes de entrar en él. Incluso yo mismo, antes de comenzar mi viaje por esta vida, no encontraba sentido a la vida de monjes y monjas. En particular, juzgaba esa idea de que ellos reprimen el disfrute de los placeres de la vida. ¡Sentía que, si seguía el camino espiritual, me perdería todo lo que el mundo tenía para ofrecerme! En realidad, en primer lugar, simplemente no entendía qué era la espiritualidad.
Resultó que estaba muy equivocado. Muchas de mis opiniones estaban fuera de lugar y carecían del conocimiento adecuado. Este llegó solo con un poco de experiencia y algo de educación. Ahora veo que mi perspectiva del disfrute, satisfacción, alegría, etc. ha cambiado. Al haber comenzado a purificar mi mente, tengo ahora la oportunidad de seguir realmente el camino espiritual. Esencialmente, vivir con rectitud se ha convertido en una prioridad en mi vida.
El dharma tiene que ver con esta rectitud, con este deber del que hemos estado hablando en estas publicaciones. Nuestro deber último, la razón por la que estamos aquí, es la devoción a Dios. Sin embargo, esta devoción no debe ser solo de vez en cuando, como pensar en Dios solo los domingos. Se necesita una mente que esté inmersa en esta vida espiritual, en Dios mismo. Para muchos de nosotros, esto parece ser una empresa difícil, porque sabemos lo disparatada y caótica que puede llegar a ser nuestra mente y nuestra vida. El mismo Krishna en el Bhagavad Gita constata la lucha de Arjuna al describir la naturaleza de la mente.
El Señor Krishna dice:
La mente es indudablemente caótica y difícil de dominar, ¡oh Arjuna!. Pero mediante la práctica repetida y la renuncia puede ser controlada. En mi opinión, es difícil para una persona con una mente descontrolada tomar este camino. Sin embargo, puede hacerse, a través de los medios adecuados, por aquel que se esfuerza en someterla.
Bhagavad Gita, 6.35-36
No es que tengamos que luchar contra nuestra mente en una guerra total. Hay que librar algunas pequeñas batallas, sin duda. Pero lo que realmente nos permite entablar una relación amorosa con Dios es ser capaces de calmar la mente lo suficiente como para redirigirla hacia algo que está más allá, hacia algo mejor, más beneficioso, deseable y más gratificante. Esto nos lleva a comprender el principio de la espiritualidad, del mismo bhakti. Es decir, sumergirse en lo que está más allá de lo material: el atma.
Como sabemos, la meditación, la espiritualidad, la consciencia, todas dependen de nuestra capacidad de tener un enfoque único y exclusivo. Se necesita una mente lo suficientemente calmada como para ser redirigida. Una mente calmada significa que los sentidos no están descontrolados. No están saltando de un objeto a otro. Requiere cierta disciplina, cierta práctica. Si nuestro objetivo es ir más allá de la mente y ser conscientes de nosotros mismos, de nuestra divinidad y alcanzar a Dios, entonces debemos ser capaces de sumergir nuestra mente en ese proceso, en ese objetivo mismo. Ayuda el retirar, de alguna manera, nuestros sentidos de aquellas cosas que nos mantienen alejados del objetivo. Ahí es donde entra en juego la sadhana, una práctica espiritual como el japa y el Atma Kriya Yoga. Todas ellas están diseñadas para sumergir la mente en ese objetivo, esa relación con Dios mismo.
Abstenerse de crear más apegos con este mundo ayuda a ello. De esta manera, nuestra mente deja de centrarse en lo externo y comienza a hacerlo en el interior. El autocontrol, el control de los sentidos es uno de esos pasos importantes en este camino.
Efectivamente, el control de nuestros sentidos limita la capacidad de la mente para volverse dependiente y apegada a la realidad física. Satisfacer constantemente nuestros sentidos, sea cual sea la forma en que se satisfagan, es simplemente una tarea de corto recorrido. Esto solo nos lleva a una felicidad temporal y muy condicionada. Nos acostumbramos a estas experiencias sensoriales y al final queremos más. Por desgracia, nunca podremos tener exactamente la misma experiencia que tuvimos antes. Tendemos a perseguir esos momentos que ya pasaron. Así, al final, nunca conseguimos realmente lo que buscamos: amor incondicional y eterno.
Solo algo infinito y eterno puede satisfacer verdaderamente nuestro inagotable anhelo de emoción, amor, felicidad, alegría, plenitud, paz, satisfacción y entretenimiento. Y eso se reduce a tres principios eternos: nuestra alma (atma), Dios (Paramatma) y nuestra relación eterna con Él.