22 de octubre de 2020

Escrito por: Rishi Akashananda

¡Démos algo de contenido al principio de pureza!

Cuando era joven, mi madre solía decirme: «¡Lávate los dientes! ¡Dúchate! ¡Limpia tu habitación!». ¿La escuché? No. Limpiaba de vez en cuando, pero en general, vivía una vida bastante «sucia» en el exterior.

Cuando mi hermana hacía algo para enojarme, solía pensar cosas muy malas sobre ella y planear diferentes tipos de venganza para hacerla sufrir. Todos estos malos pensamientos solían acumularse en mi mente. ¿Fue bueno eso para mí? No. ¿Entendí, por lo menos, que no era bueno para mí y que debería haber cambiado mi enfoque mental para vivir una vida más pura en mi mente? Definitivamente no.

Estas son algunas de las razones por las que el principio de pureza es uno de los pilares del dharma. Echemos un vistazo a los diferentes enfoques que podemos tener con respecto a la pureza y cómo podemos implementarla en nuestra vida diaria.

Siempre que se piensa en la pureza, la mente sugiere de inmediato diferentes tipos de imágenes: agua en forma de cascadas, casas con pisos limpios y relucientes y muchas otras. ¿Es este el tipo de pureza del que hablan las escrituras antiguas? Sí y no, en realidad.

En primer lugar, tenemos que definir los diferentes ámbitos en los que debe aplicarse la pureza. Nosotros, como humanos, tenemos dos áreas principales de las que ocuparnos: una el exterior y otra el interior.

Desde la perspectiva exterior, vivir una vida pura y dhármica significa estar limpio, ducharse al menos una vez al día, vivir en un ambiente higiénico y mantener un cuerpo puro. Todo lo que está en el exterior se refleja en nuestra actividad y realidad internas, influyendo firmemente en nuestro estilo de vida y en la experiencia de nuestra vida diaria. La pureza debe entenderse como esa área que es, de alguna manera, una extensión de lo que somos. Por lo tanto, incluso la compañía con la que elegimos estar se convierte en una decisión crucial para determinar si nuestra experiencia interior permanece pura y limpia, o comienza a mancharse con el reflejo externo.

Desde una perspectiva interna, se debe desarrollar la pureza de la mente:

«La mente del bhakta es pura. Se ha purificado a sí mismo a través de su práctica de yoga, a través de su japa, a través del recuerdo constante del Señor».

 
Comentario de Paramahamsa Vishwananda, Bhagavad Gita, 13.8

De lo que Paramahamsa Vishwananda está hablando aquí es de un estado muy elevado de consciencia en el que la mente es pura. También da instrucciones claras sobre cómo el bhakta puede alcanzar tal estado. Aquí es donde la práctica espiritual juega un papel muy importante en la vida de todos nosotros. Es necesario purificar la mente, ya que esa es la manera de estar en comunión con Dios. Esta es la comprensión que debemos tener cuando hablamos de pureza interior, pureza de la mente.

Como la mayoría de los pilares del dharma y la gran sabiduría de los Vedas, la pureza requiere toda una vida, si no más, de experiencia para ser entendida en toda su profundidad. Mientras tanto, debemos esforzarnos por mantener un ambiente exterior sano, limpio y puro, mientras cultivamos y alimentamos la mente con alimento espiritual. Si tenemos éxito en este esfuerzo, el resultado será la encarnación real del principio de pureza. Significaría que no solo estamos listos para entender la pureza, sino también para aplicarla y encarnarla.

No se vive una vida dhármica solo para nosotros mismos. Tal conducta servirá de ejemplo a los demás, de referencia. Como dice Krishna en el Gita:

“Cualquier cosa que haga una persona eminente, otras personas también lo harán; cualquiera que sea el estándar que uno establezca, el mundo lo seguirá».

 

Bhagavad Gita, 3.21
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