Paramahamsa Vishwananda nos recuerda periódicamente la importancia del Bhagavad Gita. Una vez al mes vamos a compartir ideas sobre el Bhagavad Gita para ayudaros a aprender y vivir sus enseñanzas. En la publicación de hoy, nos centraremos en el capítulo 3, verso 12.

Escrito por: Mayuran

“Los dioses, complacidos con tu sacrificio, te otorgarán las satisfacciones que deseas. Quien disfruta de los regalos de los dioses sin ofrecerles nada a cambio es en verdad un ladrón”.

Bhagavad Gita, 3.12

En este verso, Krishna destaca la importancia de una vida responsable. No somos una isla, sino parte de algo mucho más grande. Lo reconozcamos o no, estamos constantemente disfrutando de los frutos de muchas cosas y tenemos el deber de devolver algo a cambio. Existen innumerables sistemas, procesos y relaciones que gobiernan nuestra situación. Cada uno nos colma de bendiciones incalculables. Esta Tierra con toda su belleza y recursos nos permite prosperar. Muchos de nosotros estamos en países que automáticamente nos otorgan libertad y derechos individuales. La educación y la salud están aseguradas. Tenemos comida y entretenimiento al alcance de la mano. Hay maestros, colegas y familiares que nos apoyan y nos impulsan a avanzar. Sin embargo, aún más importante es el hecho de que estamos vivos. De alguna manera vivimos. En este momento estamos viviendo y respirando.

Si contemplamos profundamente estas ideas, podemos sentirnos verdaderamente humildes, incluso indignos. A veces pienso que quizás soy yo quien recibe los dones de la vida sin hacer una contribución suficiente. Me pregunto si estoy aprovechando responsablemente la oportunidad que se me ha dado. ¿Cómo puedo estar seguro de que no soy un ladrón que solo toma sin ofrecer nada?

Con el tiempo, he llegado a la conclusión de que en el período limitado de que disponemos, estas deudas no se pueden compensar. Es imposible devolver los «regalos de los dioses». En todo momento estamos tomando o disfrutando cosas que no nos hemos ganado. Aunque logremos algo asombroso, lo hemos hecho apoyándonos en otros, usando ideas e inventos que estaban allí antes que nosotros. Si ese es el caso, ¿qué cualifica realmente una vida responsable? ¿No somos todos simplemente ladrones?

“Así como verter agua en la raíz de un árbol energetiza el tronco, las ramas, las ramitas y todo lo demás, y así como suministrar alimento al estómago anima los sentidos y las extremidades del cuerpo, simplemente venerar al Señor satisface automáticamente a los semidioses”. 

Srimad Bhagavatam, 4.31.14

La vida que tenemos no es simplemente una oportunidad para cumplir nuestras esperanzas y deseos. Es parte de algo mucho más grandioso que nosotros. Pertenece a un proceso cósmico y en su epicentro está Dios.

Una vida responsable no consiste en saldar innumerables deudas, sino en servir y honrar la suprema finalidad de nuestra vida. Consiste en entregarnos al camino que nos invita y desafía a liberar todo nuestro potencial. Esto es lo que significa caminar por un sendero espiritual. Cuando elevamos nuestra visión por encima de este mundo material, hacia Dios, entonces estamos viviendo la vida de la manera más elevada posible. Es la máxima expresión de nuestra existencia.

Esforzarse por conocer lo Divino no es solo un camino, es un camino que beneficia a toda la humanidad. Muchos tienen la idea de que ser espiritual es ser demasiado autoindulgente, poco práctico y negar el mundo exterior. Pero el Bhagavatam deja claro que, lo percibamos o no, cada individuo contribuye lo mejor que puede. Nuestras relaciones, nuestro trabajo, nuestro país y el planeta, todos participan en nuestro progreso. Un devoto está contactando con la Personalidad que sustenta todo y cuando esto se hace, toda la creación recibe la gracia.

Desde que conocí a Guruji, ha habido cambios inimaginables en mi vida. Pero una cosa importante que Él me ha dado es una claridad absoluta. Sé que Dios es real y sé que es posible alcanzarlo. Al hacer de Él mi objetivo, todo lo que me rodea se nutre. Todo lo que he recibido está equilibrado. ¿Por qué? Porque estoy usando los dones de los dioses para glorificar a Aquel que está más allá de ellos.

Una vez que apreciemos el valor de la vida, naturalmente nos volveremos hacia el Dador de la vida. Hemos sido bendecidos con mucho y Krishna nos pide que tengamos una gratitud inmensa. Esta no es solo un sentimiento, es lo que nos empuja a servir; servir con excelencia. Significa subir el listón y luchar por la perfección. Significa extraer todo nuestro talento y ofrecerlo para que el mundo se beneficie. Significa ir a lo profundo en tiempos de crisis, superar las dificultades y buscar la positividad. La vida nos ha hecho lo que somos para que podamos ser lo que estamos destinados a ser. Esto es el dharma.

Ser un ladrón es ignorar nuestra vocación, es elegir opciones más fáciles y gratificantes. Es estar satisfecho con hacer lo mínimo y conformarse con el mínimo esfuerzo. En lugar de sobresalir, nos volvemos cómodos y mediocres. Robar a los dioses es estancarse y frenar nuestro esfuerzo. Es esperar siempre a que otros nos empujen o a que las circunstancias nos obliguen a actuar. Básicamente, ser un ladrón es no ofrecer nuestro corazón.

Guruji no nos pide que saldemos nuestras deudas. No nos pide la perfección, sino que manifestemos lo que la vida nos ha llamado a hacer. La Tierra está dando, la sociedad está dando, la gente que nos rodea está dando y la misma vida se nos ha dado. Nuestra responsabilidad es no dar nada por sentado y aprovechar la oportunidad que se nos presenta. Se trata de utilizar todo lo que tenemos para anhelar el servicio. Si estamos dispuestos a sumergirnos en lo profundo, a sacrificar y apostar todo a la Divinidad, entonces, en lugar de ser un ladrón para los dioses, nos convertiremos en el amado del Supremo.

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